- Impaciencia: el buen marketing lleva tiempo. Hacerlo mal (y con prisas) cuesta diez veces más y lleva más tiempo que hacerlo despacio pero bien.
- Egoísmo: tenemos opciones, y si sentimos que todo se trata de ellos, y no de nosotros, nos iremos por donde habíamos venido.
- Narcisismo: usted no compra de sí mismo, otros le compran a usted. No les importa su negocio y sus problemas tanto como a usted.
- Engaño: vea “egoísmo”, arriba. Si no nos cuenta la verdad, es probablemente porque sea egoísta. ¿Cuán urgentes pueden ser sus necesidades que esté dispuesto a sacrificar su futuro para conseguir algo ahora?
- Inconsistencia: no le prestamos mucha atención, pero, cuando lo hacemos, nos ayuda saber que su voz es parecida a la que escuchamos la última vez.
- Furia: ¿está enfadado? ¿Con nosotros? No es algo de lo que queramos formar parte, gracias.
- Celos: ¿está alguien haciendo las cosas mejor que usted? Por supuesto que sí. Siempre hay alguien haciéndolo mejor. Pero si deja que sus celos cambien sus productos o su actitud, o su historia, nos iremos con la música a otra parte.
Por supuesto, éstos no son pecados del marketing, sino fallos humanos.
Humildad, empatía, generosidad, paciencia y amabilidad, combinadas con la arrogancia del inventor brillante, son una alternativa potente.