Los códigos QR, por ejemplo, ya han sido utilizados en yacimientos arqueológicos como la Ciudadela de Roses. Suponen una utilidad con bajos costes y aún en vías de explorar todas sus posibilidades. En algunos casos han sido utilizados como herramienta de trabajo en el proceso de investigación arqueológica.

De momento, las experiencias más habituales han ido encaminadas a la creación de aplicaciones para móvil y el uso de dispositivos como las tablets. En numerosas ocasiones se argumenta los altos costes que pueden suponer la aplicación de tecnologías en el patrimonio. Sin embargo, la exploración de las mismas nos reafirman en el convencimiento de que las posibilidades digitales son amplias y diversas y la clave se encuentra en dedicar horas a la creatividad, planificación y estrategia entendiendo el contexto digital en el que estamos inmersos.






